No quería compartirlo con todos, solamente con quienes son más cercanos y si alguien me preguntaba cómo regresé a casa el viernes después de mi sesión o qué hice saliendo del trabajo el sábado.
No sé cómo sentirme al respecto pues es algo que no acostumbro hacer y por una razón u otra así me ha estado tocando vivir y lo acepto en ese momento. (YOLO)
Llego a pensar que la gente puede extrañarse de mi conducta pero creo que tengo derecho a hacerlo y nadie me lo impide. También que la gente podría pensar que hago esto porque no tengo a nadie más en el mundo, y por un lado yo también lo siento así, pero por otro no quiero llegar de sorpresa con alguien y decirle que salgamos cuando no habíamos planeado nada y tampoco lo quiero hacer por socializar, porque los demás acostumbran a hacerlo así.
No tengo por qué amarrarme a que alguien debe hacer algo conmigo cuando yo tengo las posibilidades y habilidades para hacerlo por mí misma.
Me es raro no avisarle a nadie dónde estoy o qué hago. Desde que salgo sola, porque ya era responsable de mí, he dado señales de vida y mi ubicación por cualquier cosa y siento que algo me hace falta si no lo hago. Pero últimamente he querido experimentar esa sensación de libertad sin tener que depender de alguien, aunque, debo confesarlo, me da un poco de miedo pues pienso que no voy a saber defenderme si algo sucede.
Hoy, mientras estaba en el cine sola, llegaba a mi mente la idea de que la noche es peligrosa y que el regreso a casa podría ser tenebroso. El cruzar la avenida para encontrar un taxi que me llevara a mi casa sería una travesía y que seguramente alguien me estaría buscando y preguntando por mí. Todo eso fue mentira y preocupación (abordando la última parte de que alguien se preguntaría por mi y cómo estoy, reafirma en cierto modo mi creencia de que no soy una persona muy solicitada o que mi presencia puede ser reemplazable en cualquier momento y nadie se daría cuenta de que no estoy. Es triste.)
Entiendo también que por mi parte, el no pedir ayuda o no llamar a alguien para salir, ni tener la costumbre como las personas de mi edad de salir cada fin de semana produce que nadie me llame para invitarme a salir o visitarme en casa. Pero una llamada o un mensaje le da un toque diferente a mi día.
Anteayer, viernes, caminé cerca de media hora para encontrar un taxi, tenía que buscar el lugar adecuado para tomar uno y me llevara a casa pues si tomaba un camión iba a tardar otra hora y media en llegar. Ya que un taxista decidió llevarme, resultó que quería hacer plática, nada interesante y siempre en contra de las mujeres. No sé si esperaba que le ofreciera un café en mi casa o que me enojara con él por decir cosas en contra de mi sexo, cosas que no pasaron. Fue algo incómodo ese viaje.
Saliendo de trabajar el sábado, sin ganas de llegar a casa porque nuevamente estaría sola mientras mi madre está de viaje y mi hermano está de fiesta, decidí hacer eso que, me imaginaba, era el acto de valor más grande para un soltero solitario como yo: ir al cine.
Estaba indecisa entre ir a caminar al centro y comer un churro o realizar esta gran hazaña. Había escuchado que es una buena experiencia, algo que no cualquiera se atreve a hacer y que realizando esto podría estar en paz conmigo misma esté donde esté y con quien esté. Así que opté por hacerlo, aún con miedo.
No sabía qué películas había y me decidí por "Puente de espías", muy buena elección. Compré un Té chai para relajar el alma con algo calientito y saludé y agradecí con una sonrisa a todo el que me atendió.
Pude disfrutar de una buena película, reír cuando quise, hacer gestos cuando lo necesitaba, emocionarme en las escenas, sentarme como quise hasta estar cómoda, tomar de mi vaso cuando lo necesité sin compartir con nadie, tuve una lección de alemán, ruso e inglés, pensamientos diferentes a los que tengo todos los días bajo la rutina y entender que si asistes con alguien lo que vale la pena es poder platicar de lo que vieron, argumentar y aumentar el conocimiento para compartir ese momento, sino es igual que ir solo y como dice el dicho "mejor solo que mal acompañado." Perderle el miedo a estar solo, saber que no va a pasar nada, confiar en que todo estará bien y poder repetirlo porque no le hace mal a nadie, al contrario se viven cosas diferentes y captas otras cosas que no tomas en cuenta cuando vas al pendiente de alguien más o tienes que poner tu atención en otra persona, lo que te dice, lo que quiere o lo que le tienes que contestar.
Fue un buen día, terminé cenando tacos con mi abuelito y recibiendo un abrazo para despedirnos, ya que llegando a casa sólo hay más responsabilidades, una gata caprichosa (bonita pero caprichosa) y una cama destendida para que me acueste a descansar. Todo lo demás es frío e inanimado.
Sigo sin saber qué sentir o cómo o dónde guardar esto dentro de mí. Sólo quería documentar lo que pasó.