¿Cómo se hace para estar del otro lado? ¿Cuándo sabes que puedes dar el paso y se quedarán juntos ahí?
Hace años conocí a un Hombre, nunca antes lo había visto, a pesar de ser amigo de mis amigos y vivir relativamente cerca de donde viví, y ese día llegó a mi casa junto con mi amigo y otro chavo. La verdad no recuerdo haber hablado con él o ver bien su cara, mi amigo era mi alegría esa vez y me dediqué a ofrecer una buena recepción y pasarla muy bien, pasear y enseñarles la ciudad.
También recuerdo que pasó algo curioso, esas cosas que no te explicas por qué suceden y parecen mágicas, este Hombre y mi primo resultaron conocerse desde la primaria, se habían distanciado y esa noche volvieron a encontrarse en una ciudad distante y diferente que donde se conocieron. Fue realmente incomprensible e increíble. Sigo sin poder superarlo.
Obtuve los números de celular y perfiles de Facebook por cortesía, y porque uno de ellos vivía en San Luis Potosí y tenía y tengo ganas de ir a conocer, pero no figuraba en que creciera una amistad más grande que lo que se vivió ese día.
Un día les mandé mensaje, no recuerdo qué dije pero seguramente era un saludo y saber cómo se encontraban y que supieran que tenían una casa por si gustaban regresar, suelo hacerlo con la gente a la que conozco y me caen bien. Algunos contestan por cortesía y termina la conversación y otros contestan y sigue la plática, como en esta historia. Claro que no fue una gran plática, sólo nos habíamos visto una vez, sin embargo pudimos mantenerla por semanas aunque no nos habláramos diario.
En otra ocasión visité a mi amigo en otra ciudad y coincidimos los tres nuevamente, mi amigo, Hombre y yo, junto con otras personas y pudimos intercambiar palabras y otra aventura.
Esta nueva persona y yo seguíamos mensajeándonos irregularmente por semanas.
Se tuvo la oportunidad de viajar para estar en el festival del globo, pensamos que nuestros amigos en común podrían ir también y así convivir todos, pero no. Asistieron otros amigos de él y todos me trataron muy bien. Fue toda una aventura para llegar, para contactarnos y encontrarnos pues cada quien llegó por su lado. Sólo nos habíamos visto dos veces y cuando nos saludamos no sabíamos muy bien cómo reaccionar sin embargo, un gesto muy lindo de su parte, me ayudó a cargar parte de lo que traía para dormir ese día en el parque. Me pareció que fue muy amable pues bien pudo haberme dejado cargarlo sola, como el chico al que me encontré antes de llegar al lugar. A pesar de que pude haber ido sola a buscar algo de cenar y él quedarse a dormir porque estaba cansado, como sus amigos, me acompañó y pudimos platicar un poco más. Pudo haber tomado camino solo como su amigo para ver los globos por la mañana, pero estuvo a mi lado. Cada quien haciendo lo que quería pero sin alejarse. Después ofrecerme un lugar donde dormir bien, ir a comprar un helado en la tarde y seguir caminando, escuchar lo que le contaba, contarme lo que él sabía y hacía en aquel lugar donde vivió, que ahora no sé si se acuerde de todo eso porque ha pasado el tiempo y a mi se me han olvidado un par de cosas ya. Antes de regresar cada quien a casa me acompañó a Expiatorio por empanadas y un helado, tuvo que regresarse muy rápido pues su camión salía mucho antes que el mío. Tuvo que correr. Lo siento. Te agradezco por lo que hiciste.
Los mensajes siguieron aunque intermitentes, las ocupaciones, los demás amigos, cada quien en su ciudad, todo eso que hace que no hables diario.
El último año la comunicación aumentó aunque sigue siendo de la misma manera, por mensaje de texto y dos acercamientos.
Él supo de mi viaje a Oaxaca, del viaje a la playa, de mi intención de renunciar a mi trabajo, de mi renuncia, de mis próximos viajes, de mis planes de crecer y las nuevas locuras que se me habían ocurrido; en alguna ocasión se enteró antes que los demás porque ha estado ahí, por teléfono y a distancia pero atento a lo que digo, no sé si muy al pendiente o no, si sólo contesta porque tiene un mensaje no leído, qué sé yo, para mí ha sido un buen compañero de vida.
Me mandaba enlaces de páginas que pudieran servirme para lo que estaba planeando, imágenes graciosas y otras de información.
Cuando le dije que iría a CDMX a la semana del emprendedor propuso vernos y de ser posible ver a mi amigo, por quien nos conocimos. Así pasó, aun con los cambios de planes y lo rápido del encuentro estuvo ahí, estuvimos ahí. Conocí lugares que no había conocido y que sola no hubiera visitado. Caminamos mucho, platicamos más. Comimos y comimos, seguíamos platicando. Es muy ocurrente a pesar de verse serio y yo muy simple y todo me hacía reír.
La despedida siempre es difícil cuando la estas pasando bien, al menos para mí lo ha sido.
Seguimos mensajeando.
El siguiente encuentro fue al siguiente mes, fuimos a visitar a la familia y a un evento. No tenía intenciones de avisar a mis amigos porque viven lejos, sólo iba enfocada en la familia y conocer algo nuevo. Como ya les comentaba, él sabía lo que yo iba hacer y lo que quería, así que propuso vernos en este lugar al que tenía muchas ganas de ir, así fue que nos volvimos a ver.
Nuevamente estuvo mi amigo antiguo y pasamos una buena tarde junto a mis primos y otro nuevo amigo (para mí).
Lo que se me ha hecho increíble es que él vive en una ciudad de un Estado, los fines de semana regresa a su verdadera casa que está en otra ciudad y en estas visitas se avienta un viaje de dos horas en trasporte público para cruzar la ciudad donde vive, llegar a la capital y cruzar esta por completo. Él dice que le gusta ver a sus amigos, la aventura, el cotorreo y la fiesta, seguro que sí porque ha hecho esto. De vez en vez me gusta pensar que hay otro motivo, que le gusta verme, estar cerca de mí, aunque no soy la única mujer a la que conoce y tal vez no soy la única por la que viaja de esa manera. No lo sé. Son esas cosas que no sé de él y que a veces pienso que no sabré.
La comunicación sigue entre nosotros y también la distancia. Hoy nos hablamos más seguido que hace un año, las pláticas son más personales cada vez sin embargo lo superficial es predominante.
Es alguien común y tiene cosas que le son muy propias. A veces parece pesimista pero puede resultar muy realista. Despreocupado, mucho a comparación mía, pero atento. Se ve serio pero tiene ocurrencias espontáneas que son graciosas. Es simple en apariencia pero algo me dice que es muy complejo por dentro.
¿Cómo saber qué más es él? ¿Cómo saber si quiere compartir eso conmigo? ¿Cómo saber si tiene otra intención para conmigo? ¿Es necesario saberlo?
Cuando comienzo a hacerme preguntas es cuando el caos mental aparece. El cúmulo de pequeñas cosas que va tejiendo una historia, causalidades entrelazadas que no se sabe cuándo terminarán y si es que lo harán algún día, una historia que crece cada día sin saber realmente para qué. ¿Para qué? Mientras no lo pienso tanto sólo aparece una ligera sonrisa en mi cara pues sé que hay alguien del otro lado de la pantalla, al otro lado de la conexión de internet que me acompaña. Es una pequeña chispa que enciende de vez en cuando para volver a creer que no todo está perdido, que todo es posible.
¡Es igual!